—¿Por qué nunca me contó esto? —preguntó en voz baja.
—Porque se avergonzaba de lo que había hecho —respondió la mujer.
El silencio se apoderó del ambiente mientras la verdad se iba asimilando.
“Y porque creía que esa era la única manera de protegerte”, añadió.
Soltó una risa amarga que transmitía más dolor que humor.
“¿Echándonos y haciéndonos creer que nos había abandonado por completo?”
“Sí”, dijo la mujer con firmeza.
“Cuanto más lejos estuvieras de él, menos valioso te volvías para esa gente.”
Las lágrimas le llenaron los ojos mientras la comprensión reemplazaba la ira, de una forma que le dolía aún más profundamente.
Bajó la mirada a los documentos que tenía en las manos, dándose cuenta de cuánto le habían ocultado.
“¿Y tú quién eres en todo esto?”, preguntó tras una larga pausa.
La mujer la miró fijamente a los ojos.