“Que desaparezca por completo y no vuelva a contactarte”, dijo Rachel. “A cambio, tú y tus hijos se quedan en paz”.
Su corazón casi se detuvo.
¿Desaparecer por completo?
"Sí."
“¿Y él estuvo de acuerdo con eso?”
Rachel negó levemente con la cabeza.
“No tuvo otra opción.”
El silencio volvió a llenar el espacio, denso y definitivo.
—¿Sigue vivo? —preguntó con voz temblorosa.
Rachel dudó un momento antes de responder.
“Sí, está vivo, pero nunca lo volverás a ver.”
Las lágrimas rodaban silenciosamente por su rostro mientras la realidad se imponía.
Abrazó a sus hijos con fuerza, aferrándose a lo único que aún le parecía seguro.
—¿Qué será de nosotros ahora? —preguntó en voz baja.
Rachel acercó suavemente el archivo.
“Ahora empiezas de nuevo”, dijo ella.
—¿Con qué exactamente? Porque no nos queda nada —respondió con amargura.
Rachel hizo un gesto señalando la habitación vacía.
“Todavía tienes esta casa.”
Ella frunció el ceño con confusión.
¿Qué quieres decir con eso?
“La casa ya está legalmente a tu nombre”, explicó Rachel.
Levantó la cabeza bruscamente, sorprendida.