parte 2

La verdad tenía peso.

Era necesario reunirlo.

Requería paciencia.

Me necesitaba con vida.

Bajé la mirada hacia mi estómago. "Entonces seguiré muerta un poco más".

Adrian no respondió de inmediato.

Cuando lo hizo, su voz apenas era un susurro.

"Lo siento."

"¿Para qué?"

“Por no haberte encontrado antes.”

Volví a mirar hacia la ventana.

Afuera, la nieve seguía cayendo, suave e incesante, cubriendo huellas, suavizando los bordes afilados, haciendo que el mundo entero pareciera inocente.

“Mi madre solía decir que el arrepentimiento no es más que amor sin rumbo”, dije.

Adrian inhaló lentamente.

“¿Dijo eso?”

Asentí con la cabeza.

Apartó la mirada.

Por un momento, ninguno de los dos habló.

Entonces mi bebé se movió.

Era débil, apenas un leve aleteo bajo la palma de mi mano, pero estaba ahí. Contuve la respiración. Adrian notó el cambio en mi expresión y se puso de pie, alarmado.

"¿Qué es?"

“Se movió.”

parte 1