Durante varios segundos, Daniel no pudo comprender lo que estaba viendo.
Su mente buscaba una explicación.
Cualquier cosa.
Algo sencillo.
Algo que le daría sentido a las últimas semanas.
Pero no había una explicación sencilla.
Las piernas de Rachel estaban cubiertas de moretones oscuros.
Ni uno.
No dos.
Docenas.
Algunas eran de un color amarillo y morado descolorido, mientras que otras eran más recientes, aún visibles bajo la tenue luz del dormitorio. Tenía marcas alrededor de los tobillos y a lo largo de los muslos, lugares que no podían ser consecuencia de las molestias del embarazo ni de una noche de insomnio.
Dormitorio
La mano de Daniel se apartó de la colcha.
El aire abandonó sus pulmones.
“Rachel…”
Su voz apenas existía.
Inmediatamente se cubrió con la manta, echándola hacia sí con manos temblorosas.
"Lo lamento."
Esas dos palabras rompieron algo en su interior.
No porque ella hubiera hecho algo malo.
Porque se disculpaba por haber sido herida.
—¿Por qué pides disculpas? —susurró Daniel.
Rachel apartó la mirada.
“Porque esto es culpa mía.”
"No."
Negó con la cabeza.
“No, Rachel. No digas eso.”
Detrás de él, Margaret permaneció en silencio.
Demasiado silencioso.
Daniel se giró lentamente.
Su madre ya no mostraba la expresión de seguridad con la que había entrado en la habitación.
Embarazo y maternidad
La certeza había desaparecido.
Por primera vez en semanas, Margaret parecía asustada.
Y ese miedo le dijo a Daniel más que cualquier confesión.
—Mamá —dijo en voz baja.
Margaret parpadeó.
"¿Qué?"
“¿Qué le pasó?”
Margaret pareció ofendida de inmediato.
“No me mires así.”
"¿Cómo qué?"
“Como si yo hubiera hecho algo.”
Rachel cerró los ojos.
Un pequeño sonido escapó de sus labios.
Un sonido que Daniel nunca antes le había oído.
No tristeza.
No es ira.
Psicología
Miedo.
—Rachel —dijo en voz baja, volviéndose hacia ella—. Dime.
Ella negó con la cabeza.
"No puedo."