Dijo que yo había estado fuera de casa durante la franja horaria en que se apagaron las cámaras del laboratorio.
Dijo que yo tenía problemas con Vanessa.
Dijo que mi carácter era inestable.
Cada frase suya fue un clavo en mi ataúd.
Y ahora estaba allí, cuatro años tarde, mirándome como si por fin empezara a entender.
Demasiado tarde.
La profesora Warren se acercó a la computadora. Hardwareinformático
—No voy a entregar esta memoria a nadie hasta revisar su contenido.
Vanessa perdió un poco el color del rostro.
—Profesora, tenga cuidado. Manipular datos protegidos puede traerle problemas legales.
—¿Me está amenazando?
—Estoy protegiéndola.
—No —dijo Warren, con una calma helada—. Está intentando asustarme.
Vanessa apretó los labios.
Ethan dio otro paso adelante.
—¿Qué hay en esa memoria, Elena?
Lo miré.
—La vida de una mujer inocente que tú ayudaste a destruir. Gentey sociedad
Su mandíbula se tensó.
—Yo presenté una solicitud de reducción de condena para ti.
—Lo sé.
El dolor cruzó su rostro, como si esas dos palabras no fueran la reacción que esperaba.
—Entonces también sabes que nunca quise que pasaras cuatro años allí.
—Pero sí quisiste creer que yo era culpable.
El golpe entró limpio.
Ethan bajó la mirada.
Vanessa se apresuró a tomar su brazo. Anatomía
—Ethan, no la escuches. Está enferma, confundida, resentida. Quiere culparnos por lo que le pasó.
“Enferma.”
La palabra flotó entre nosotros.
Yo vi cómo Ethan se endurecía.
—¿Quién te dijo que estaba enferma?
Vanessa se quedó inmóvil.
Un segundo.
Solo un segundo.
Pero bastó.
La profesora Warren también lo notó.
Yo sonreí.
—Qué curioso, Vanessa. Yo no te lo dije. La profesora tampoco. Y Ethan parecía no haber tenido tiempo de contarte nada. Educación
Vanessa soltó una risa breve.
—Por favor, toda la ciudad sabe que saliste por razones médicas.
—No salí por razones médicas —dije—. Cumplí mi condena completa.
La sonrisa desapareció de su rostro.
Ethan retiró lentamente su brazo de la mano de Vanessa.
—¿Cómo sabías que Elena tenía cáncer?
Ella abrió la boca.
No salió nada.
Por primera vez desde que la conocí, Vanessa Cole no tenía una respuesta preparada.
La profesora Warren se sentó frente a la computadora y abrió la primera carpeta.
En la pantalla aparecieron archivos con fechas, registros de laboratorio, secuencias de datos, correos electrónicos exportados, fotografías de cuadernos de investigación, capturas de pantalla y copias de respaldo. Almacenamientoinformático
Warren revisó uno de los documentos.
Luego otro.
Luego otro.
Su rostro cambió.
La tristeza se convirtió en incredulidad.
La incredulidad en rabia.
—Estos son registros originales del proyecto Stone-Warren —murmuró—. Esta línea de datos fue la que acusaron a Rachel de haber falsificado.
Vanessa retrocedió medio paso.