PARTE 2

Empecé a pasar tiempo en la casa de huéspedes en lugar de esconderme tras los negocios. Comí sopa de pollo en la mesita de la cocina de Elena, escuché a Leo explicar las responsabilidades morales de sus dinosaurios de plástico y aprendí que estar presente importaba más que financiar fideicomisos desde otro continente.

“Liam solía decir que eras más amable de lo que parecías”, me dijo Elena una noche.

“Exageró.”

“Dijo que uno ponía amor en los acuerdos —seguros, fideicomisos, reparaciones— porque no siempre sabía dónde más ponerlo.”

"Debería haber estado más tiempo aquí."

"Sí."

“Lo seré ahora.”

“No es porque te sientas culpable. Leo necesita estabilidad, no gente que aparezca en caso de emergencias y desaparezca antes de que lo recojas de la guardería.”

"Tienes razón."

Dos semanas después, Elena habló ante la junta directiva de la fundación. Explicó lo que el nombre Whitmore le había evocado a Leo aquella mañana: desconocidos en la puerta mientras él vestía pijama, su madre llorando y un billete de avión que no entendía. La junta votó mayoritariamente a favor de destituir a Beatrice como presidenta.

Cambié mi horario y empecé a recoger a Leo de la guardería todos los miércoles. Meses después, Elena me dio una carta que Liam había escrito antes de morir. Me pedía que no me refugiara en el trabajo y me advertía que protegiera a Elena y a Leo de los familiares que la obligarían a luchar por un lugar que ya se había ganado.