Mi sobrina llegó a vivir “unos días” y exigió mi dormitorio principal… sonreí y le hice una pregunta que dejó a toda la familia en silencio

Mi sobrina llegó a vivir “unos días” y exigió mi dormitorio principal… sonreí y le hice una pregunta que dejó a toda la familia en silencio

—Tía, dormiré en tu habitación. TratarEl Insomnio

—Tiene más luz.

Mi sobrina ni siquiera había dejado la maleta en el suelo.

Todavía llevaba los zapatos puestos cuando recorrió mi apartamento con la mirada y anunció aquello como si ya estuviera decidido.

Yo sostenía un vaso de jugo de naranja recién exprimido.

Había madrugado para ir al supermercado porque sabía que ella llegaría aquel día.

Sabrina Su tomó el vaso.

Bebió un sorbo.

Después miró por encima de mi hombro hacia la puerta al final del pasillo.

Mi dormitorio.

El principal.

Tenía baño privado.

Balcón orientado al sur.

Y tres rosales que yo había cuidado durante dos años.

Cada mañana me levantaba a las seis para regarlos.

—Tu habitación tiene baño propio, ¿verdad?

—Yo me ducho todas las noches.

—No estoy acostumbrada a utilizar un baño compartido.

Empujó la maleta hacia la pared.

Comenzó a quitarse los zapatos.

Se movía con la naturalidad de alguien que acababa de entrar en su propia casa.

Yo pasé un dedo por el borde del vaso.

Sonreí.

No respondí.

Sabrina levantó la cabeza.

Frunció el ceño.

Tenía veintidós años.

Estaba en el último curso de la universidad.

En su rostro aparecía esa seguridad que solo poseen quienes crecieron convencidos de que otras personas siempre deben ceder.

Conocía muy bien aquella mirada.

Mi madre la había tenido.

También mi hermana mayor.

Ahora le tocaba a su hija.

—Tía —repitió—, dije que me quedaré en tu habitación.

La miré.

—¿Eso significa que también quieres que ponga la escritura del apartamento a tu nombre?

El vestíbulo quedó completamente en silencio.

Dos segundos.

Sabrina abrió la boca.

Después la cerró.

Miró el sofá.

El comedor.

La puerta del dormitorio.

No esperaba que yo dijera en voz alta lo que siempre había permanecido implícito.

Que para ella entrar en mi casa significaba decidir sobre ella.

Dejé el vaso sobre el mueble.

—Dormirás en la habitación de invitados.

—Las sábanas y las fundas son nuevas.

—Las cambié ayer.

—Es un poco más pequeña.

—Pero está limpia.

Tomé el jugo y caminé hacia la cocina.

La maleta permaneció junto a la entrada.

Una rueda había dejado una marca gris de barro sobre el suelo que yo acababa de limpiar.

El teléfono sonó antes de que llegara al fregadero.

En la pantalla apareció el nombre de mi hermana:

Victoria Su.

Contesté.

No saludó.

—¿Qué significa esto?

—Sabrina acaba de llegar y ya estás tratándola mal.

—Solo se quedará unos días.

—Tienes dos habitaciones y vives sola.

—La otra está vacía.

—¿Por qué no puede usar la tuya?

Abrí el grifo.

El agua cayó con fuerza.

Utilicé aquellos segundos para respirar.

—¿Qué te dijo?

—Que la obligaste a dormir en la habitación pequeña. TratarEl Insomnio

—Ni siquiera tiene baño privado.

—Sabrina siempre ha sido muy limpia.

—Solo utilizará tu habitación unos días.

—No se la llevará.

—¿Por qué lo conviertes en un problema?

Su voz era la misma de siempre.

Aguda.

Rápida.

Segura de que el mundo debía ordenarse según sus necesidades.

Desde que podía recordar, mi hermana hablaba así.

Ella era la mayor.

Yo, la menor.

La ropa nueva era para ella.

Yo heredaba lo que dejaba.

Mi dinero de Año Nuevo quedaba “guardado” por ella.

Nunca volvía a verlo.

Mi madre decía:

—Es tu hermana mayor.

—Debes ceder.

Cuando nuestra madre murió, Victoria continuó la frase.

—Eres mi hermana.

—Ayudarme es tu obligación.

La ayudé durante más de treinta años.

Tanto que terminé creyendo que realmente era mi deber.

Cerré el grifo.

—La habitación de invitados tiene un baño justo enfrente.

—Hay que caminar tres pasos.

—La principal es mi dormitorio.

—No permito que otras personas revisen mis cosas.

Victoria soltó una risa incrédula.

—¿Otras personas?

—Es tu sobrina.

—Es familia.