parte 2

Le hizo prometer que no me lo contaría.

“Dijo que te merecías esos meses para ser feliz con los bebés sin pasar cada día con miedo a perderlo.”

Me temblaban las manos.

“Él no tenía derecho a decidir eso.”

"Tienes razón."

“Y tú tampoco.”

"Tienes razón."

Esa respuesta me dejó perplejo.

Carol no pedía perdón.

Simplemente estaba admitiendo lo que había hecho.

Volví a mirar la caja.

Por mucho que me enfadara, necesitaba saber qué había dejado Daniel.

Lo abrí.

Dentro había dos cajas más pequeñas y un sobre con mi nombre.

La primera caja contenía el reloj de Daniel.

Una nota decía:

**Para nuestro hijo.**

El segundo sostenía un collar que había pertenecido a su abuela.

**Para nuestra hija.**

Debajo había doce sobres sellados.

Los fui recogiendo uno por uno.

**Para tu primer día de clases.**

**Para cuando cumplas dieciséis años.**

**Para la graduación.**

**Para el día en que te enamores.**

Entonces encontré el sobre que me destrozó.

**Para el día en que necesites a tu padre y yo no esté.**

Me incliné sobre la mesa y lloré.

Daniel sabía que tal vez nunca vería ninguno de esos días.

Mientras yo decoraba la habitación del bebé y me quejaba de los tobillos hinchados, él se preparaba para un futuro que sabía que tal vez nunca compartiría.

Finalmente, abrí el sobre que iba dirigido a mí.

Daniel se disculpó por haber mantenido su enfermedad en secreto.

Admitió que había tomado una decisión sobre nuestro embarazo y nuestro matrimonio que debería haber sido de ambos.

Escribió que podría odiarlo por ello.