Llevó a su amante a un hotel de 5 estrellas… pero se quedó atónito cuando su esposa entró y dijo: “Bienvenida a mi hotel”.

Una suite presidencial reservada con un empleado de su propia empresa mientras afirmaba estar en Monterrey.

Camila miró a Arturo, esperando que la defendiera.

Él ni siquiera la miró.

Ese silencio rompió la ilusión.

Sergio dio un paso al frente.

—Señorita Ríos, un coche la espera junto a la salida lateral. Recibirá una notificación formal de Recursos Humanos el lunes.

Camila recogió su bolso con manos temblorosas.

—Lo siento —susurró.

Mariana no dijo nada.

Camila se marchó sin glamour, sin victoria y sin la ilusión que Arturo le había vendido.

Entonces Mariana sacó otra carpeta.

—Estos son los papeles del divorcio.

Arturo la fulminó con la mirada.

—Planeabas humillarme.

—No —dijo Mariana—. Planeabas traicionarme. Simplemente dejé de protegerte.

Intentó pedir una conversación privada.

—Durante años, usaste mi discreción como escudo —dijo ella—. Hoy vives sin ella.

Antes de irse, Mariana dejó una última hoja sobre la mesa.

Arturo la miró.

Su rostro cambió.

Era la prueba de que había usado una de las propiedades de su padre como garantía para una deuda personal.

Y junto a su firma había otra.