Llevó a su amante a un hotel de 5 estrellas… pero se quedó atónito cuando su esposa entró y dijo: “Bienvenida a mi hotel”.

—Mariana ni siquiera puede leer un extracto bancario sin mí.

Pero Camila no dejaba de ver la letra A por todas partes: en las servilletas, las tazas, las batas y la tarjeta de bienvenida.

La tarjeta decía:

—Esperamos que su estancia en el Gran Hotel Alvarado sea inolvidable. Queremos que se sienta como en casa.

Por primera vez, Arturo sintió que algo se le escapaba de las manos.

PARTE 2
La noche siguiente, el restaurante del Gran Hotel Alvarado lucía en perfecta calma.

Sonaba música suave. Manteles blancos cubrían todas las mesas. Copas de cristal reflejaban la cálida luz de la lámpara de araña. Arturo estaba sentado en la mesa 7, de espaldas a la entrada, mientras Camila miraba a su alrededor con nerviosismo.

—Siento que todos nos observan —dijo ella.

Arturo sonrió.

—Nos observan porque reconocen nuestra importancia.

A las 8:12, mientras Arturo hablaba con arrogancia sobre negocios y visión, Sergio Molina, el gerente del hotel, estaba de pie cerca de la entrada del restaurante junto a Octavio.

Tres pasos detrás de ellos estaba Mariana.

Llevaba un traje azul oscuro, tacones negros y no llevaba lágrimas en los ojos.

Caminaba como una mujer que finalmente había recuperado una llave que jamás debió haber entregado.

La sala no quedó en silencio, pero el ambiente cambió.

Camila la vio primero.

Su rostro palideció.

Arturo lo notó y se giró.

Durante dos segundos, no pudo comprender lo que veía.

Entonces se puso de pie.