“¿De quién es este niño?”
El rugido de David resonó en los pasillos estériles de la clínica, un sonido de orgullo primigenio y herido. Allison se incorporó en la camilla de exploración, aferrándose a la fina bata de papel como si pudiera protegerla de la repentina furia del hombre al que había manipulado.
“¡David, espera! ¡El médico se equivoca! ¡Es solo un estirón!”, sollozó con voz aguda y desesperada.
El doctor Aris negó con la cabeza. «En medicina no existen los "estirones de crecimiento" que omiten un mes entero de gestación, señorita Allison. Las medidas son indiscutibles».
Megan se abalanzó hacia adelante, con el rostro contraído. “¡Mentirosa y ramera! ¡Usaste a este bebé para que comprara ese apartamento! ¡Nos usaste a nosotras!”
En medio del caos, el teléfono de David volvió a vibrar. Pero esta vez no era una llamada de su amante. Era Andrew, su director financiero. David contestó con la mano temblorosa.
—¿Qué? —siseó.
—David, tenemos una catástrofe —dijo Andrew con voz frenética—. Tres de nuestros principales socios corporativos acaban de enviarnos notificaciones de rescisión de contrato. Están rescindiendo todos los contratos con efecto inmediato.
David sintió que el suelo se inclinaba. "¿Por qué? ¡Tenemos un proyecto de diez millones de dólares en marcha!"
—Dijeron que recibieron un expediente anónimo —balbuceó Andrew—. Pruebas documentadas de malversación de fondos. Lo llaman "falta ética". Y David… el IRS acaba de llegar al vestíbulo.
David dejó caer el teléfono. El sonido al golpear el linóleo fue como un disparo. Miró a Allison, luego a su hermana, después al médico. El mundo que había construido sobre una base de mentiras se desmoronaba en tiempo real.
—El condominio —susurró David, con un escalofrío de pavor en el estómago—. Firmé los papeles de ese lujoso condominio usando capital de la empresa como un «retiro». Si el IRS está ahí…
—¿Señor David? —interrumpió una enfermera con voz fría—. Intentamos procesar el pago de la sesión VIP de hoy. La tarjeta fue rechazada. Aparece el mensaje: «Cuenta bloqueada por orden judicial».
David le arrebató la tarjeta de la mano, con los ojos inyectados en sangre. “¡Eso es imposible! ¡Tengo medio millón en esa cuenta de liquidez!”
Manipuló torpemente su aplicación de banca móvil. La pantalla mostró una notificación roja que parecía una sentencia de muerte: CUENTAS RESTRINGIDAS. SOLICITANTE: CATHERINE COLEMAN. MOTIVO: LITIGIO PENDIENTE POR DIVISICIÓN DE ACTIVOS.