“Solo me queda un año de vida. Cásate conmigo, dame un hijo y tu familia nunca más tendrá problemas de dinero”, dijo el acaudalado terrateniente.

La pobre lechera aceptó por desesperación. Pero en su noche de bodas, ocurrió algo terrible que la dejó horrorizada. 😱😲

La pobre muchacha tenía apenas veinte años. Sus manos olían a leche y heno, y sus botas aún estaban cubiertas de barro. Vivía en una vieja casa de madera con su madre enferma. Su padre estaba en prisión por deudas que no podía pagar.

En el pueblo circulaban varios rumores, pero lo cierto era que no había quien mantuviera a la familia, no había dinero y, a veces, realmente no tenían nada que comer.

La madre se debilitaba con cada mes que pasaba. Las medicinas eran caras. La niña se levantaba antes del amanecer y trabajaba en la granja hasta que anochecía, pero apenas le alcanzaba para comprar pan. A veces se sentaba junto a la ventana y simplemente miraba el camino, sin saber qué hacer a continuación.

Y fue en ese momento cuando un hombre rico apareció en sus vidas. Tendría unos cuarenta años. Llevaba un traje caro, un coche caro y la mirada penetrante de un hombre acostumbrado a ser aceptado.

Llegó a su casa y dijo con calma, casi con indiferencia:

“Ayudaré a tu padre a salir antes de tiempo. Pagaré sus deudas. A tu familia nunca le faltará de nada. Solo cásate conmigo y dame un hijo. De todas formas, moriré en un año.”