La mujer que se había sentado en mi mesa durante 8 años bajó la mirada.
Y antes de que pudiera decir una palabra, sonó el timbre otra vez.
Esta vez era Camila.
Venía llorando.
Con una carpeta rosa entre las manos.
—Mariana —dijo—, necesitas saber algo antes de firmar ese divorcio.
Camila no parecía la mujer de las fotos.
En Instagram sonreía junto a copas de vino, vestidos ajustados y terrazas con vista a la ciudad. En la entrada de mi casa parecía una muchacha asustada, con el maquillaje corrido y las manos temblando sobre una carpeta rosa.
Ricardo explotó.
—¿Qué haces aquí?
Camila no lo miró.
Me miró a mí.
—Me dijo que ustedes ya estaban separados.
Sentí que Teresa soltaba una risita seca.
—Por favor, niña. No vengas a hacerte la inocente.
Camila apretó la carpeta contra el pecho.
—Usted también me mintió.
La sala quedó en silencio.
Patricia cerró la puerta y señaló el sillón.
—Si trae información relevante, hable.
Camila se sentó. Yo no.
Yo me quedé de pie, porque si me sentaba quizá el cansancio me partiría en 2.
—Ricardo me dijo que Mariana se negaba a darle el divorcio —empezó Camila—. Que solo seguían juntos por dinero. Que ella lo controlaba con la herencia de sus papás.
Ricardo dio un paso hacia ella.
—Cállate.
Patricia levantó la mano.
—Un paso más y llamo a la policía.
Camila abrió la carpeta.
Dentro había capturas de conversaciones, recibos, audios transcritos y una copia de una identificación.
—Hace 2 semanas descubrí que Ricardo y su mamá estaban planeando algo. No solo querían quedarse con el dinero. Querían hacer parecer que Mariana lo había abandonado económicamente durante el matrimonio para pedir compensación.
Teresa se levantó.
—Eso es una mentira.
Camila sacó su celular.
—Tengo el audio.
Presionó reproducir.
La voz de Teresa llenó la sala.
—Primero que se vaya creyendo que vas a Canadá. Cuando estés instalado con Camila, haces los retiros grandes. Si Mariana reclama, decimos que era dinero matrimonial. Luego la presionamos con el bebé. Una mujer decente no deja a un niño sin apoyo.
Después se escuchó la voz de Ricardo.
—¿Y si descubre lo del departamento?
Teresa respondió: