PARTE 3
—Tú no entiendes nada —dijo Teresa, mirando a Daniel con una mezcla de rabia y miedo—. Yo hice lo que hice porque sé cómo terminan estas cosas.
Daniel frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
Teresa volvió a sentarse. Durante unos segundos pareció más vieja, como si la seguridad que siempre la protegía se hubiera desmoronado de golpe.
—Cuando tú tenías 4 años —empezó Teresa—, tu hermano Julián enfermó.
Daniel se quedó inmóvil.
Yo sabía que había existido un hermano mayor, pero en la familia casi nunca hablaban de él. Solo había una fotografía antigua en casa de Teresa: un niño de ojos grandes sentado en una banca, abrazando un balón.
—Me dijiste que murió de una infección —respondió Daniel.
—Murió a los 9. Tenía distrofia muscular. Cada año necesitaba más cuidados. Tu padre dejó el trabajo para atenderlo y la casa se llenó de aparatos, medicamentos y deudas. Todo giraba alrededor de Julián. Tú dejaste de salir, yo dejé de dormir, tu padre comenzó a beber. Cuando murió, nuestra familia ya estaba destruida.
—Entonces miras a Camila y ves a tu hijo —dije.
Teresa negó con brusquedad.
—Veo una historia repitiéndose. Veo a Daniel perdiendo su matrimonio, su dinero, su vida. Veo a todos fingiendo que no están cansados.
—Y decidiste castigar a una niña por el miedo que nunca enfrentaste —contestó Laura.