Sentí un nudo en el pecho.
“Nunca llegó.”
Pasé la página.
Y encontré algo que jamás esperé.
Una fotografía reciente.
Muy reciente.
Tomada apenas dos años antes.
Era un hombre anciano.
Cabello completamente blanco.
Mirada cansada.
Pero debajo de la foto había una nota.
Una sola frase.
“Daniel sigue vivo.”
Mi respiración se cortó.
No.
Eso era imposible.
Michael me había dicho toda la vida que mi padre desapareció.
Pero si aquella foto era real…
Si Daniel seguía vivo…
Entonces alguien me había ocultado la verdad durante más de cuarenta años.
Y justo cuando iba a seguir leyendo, algo cayó del interior de la libreta.
Un sobre.
Sellado.
Con mi nombre escrito al frente.
Y debajo, una advertencia que hizo que se me helara la sangre:
“No abras esta carta hasta después del funeral. Hay personas que todavía no quieren que conozcas la verdad.”