Jamás imaginé que un día de celebración se convertiría en el día en que mi vida daría un vuelco.
Si me hubieran preguntado esa mañana quién era, habría respondido sin dudarlo: esposa, hermana, hija, analista financiera y futura madre ilusionada. Familia
Al atardecer, tres de esas identidades se habían desvanecido.
La mañana había comenzado con tranquilidad.
El cielo primaveral de Boston estaba pálido, como si aún dudara en recibir la lluvia. Envolví una suave manta azul en papel de seda blanco y la metí en una bolsa de regalo junto con un pequeño sonajero plateado con forma de luna. Me quedé un momento en la cocina de nuestro apartamento con vistas a Back Bay, contemplando el regalo como si representara algo mucho más que tela y metal.