PARTE 1
Cuando Marissa giró hacia Ridge Hollow Lane aquella tarde de jueves, su mayor preocupación era si los aguacates estaban lo suficientemente maduros.
La oficina había cerrado temprano después de que el servidor de la empresa fallara, así que se detuvo en el mercado de camino a casa. A Caleb le gustaba el guacamole los jueves. Era un pensamiento tan pequeño y común de pareja que, después, casi le dolía recordarlo.
Compró aguacates, limas, cilantro y los caros totopos que Caleb siempre se quejaba de que estaban demasiado salados, pero que de alguna manera se acababan antes de la cena. La bolsa de la compra pesaba mucho, y el asa de papel retorcida se le clavaba en los dedos mientras subía por el camino de entrada.
Desde el frente, todo parecía normal.
Los aspersores regaban el césped. Las cortinas del piso de arriba estaban entreabiertas. La camioneta nueva de Caleb estaba en el camino de entrada, reluciente como un premio que él insistía en merecer después de un trimestre duro en el trabajo. Marissa había discutido por el precio, pero Caleb le había besado la frente y le había dicho que se preocupaba con mucha gracia.
Ese era uno de sus trucos.
Convirtió la condescendencia en amor.