El sepulturero solo quería terminar su turno, pero al abrir el ataúd descubrió que el verdadero muerto era el matrimonio de esa mujer-lbsuong

PARTE 2

Cuando Julián volvió a la caseta, Mariana ya estaba sentada con una taza de té entre las manos. Seguía pálida, pero sus ojos habían cambiado. Ya no eran de miedo. Eran de sospecha.

Don Toño, sentado frente a ella, la escuchaba sin interrumpir.

—Hace tres semanas me diagnosticaron una enfermedad rara del corazón —explicó Mariana—. Me dijeron que necesitaba una operación delicada, pero que tenía altas probabilidades de salir bien. Por eso hice mi testamento.

Julián frunció el ceño.

—¿Y su esposo sabía?

—Sabía una parte. Creía que le dejé todo.

Don Toño levantó la mirada.

—¿Y no fue así?

Mariana negó despacio.

—Le dejé el cincuenta por ciento de la empresa. El otro cincuenta se lo dejé a Mateo, un niño de ocho años del albergue “Casa Luz”.

Julián abrió la boca, sorprendido.

Mariana contó que meses atrás había empezado los trámites para adoptar a Mateo. El niño era tímido, flaquísimo, con una sonrisa que parecía pedir permiso. Le gustaba dibujar coches y soñaba con vivir en una casa donde nadie lo regresara.

La primera vez que lo vio, Mateo sostenía un carrito sin llanta hecho con pedazos de otros juguetes. Mariana le preguntó si quería conocer su casa algún día.