PARTE 2
Ernesto no gritó. No corrió. No enfrentó a Renata. Había levantado una empresa desde cero en Tepotzotlán hasta convertirla en una de las
mayores transportistas del país, y sabía que cuando un enemigo cree que todavía tiene ventaja, comete errores. Tomó a Mateo del hombro
y lo llevó por la puerta lateral hasta el cuarto de lavado. Desde ahí llamó a Julián, su chofer verdadero.
—¿Dónde estás?
—En mi casa, señor. Me dieron descanso esta semana. Según la oficina, iban a mandar otro servicio.
—¿Quién te avisó?
—Un mensaje del número de logística. Venía con el formato de siempre.
Ernesto cerró los ojos. La traición no solo estaba en su cama; alguien había manipulado su empresa, su agenda, sus rutas.
—Ven de inmediato. Estaciónate una calle antes. No te acerques al portón.
Después llamó a su abogado, Salvador Mijares.
—Necesito mi póliza de vida, todos los cambios de los últimos 2 años y el nombre de cualquier notario relacionado con esos documentos.
No le digas a nadie.
—Ernesto, ¿qué pasó?
—Mi esposa acaba de pagar para que me maten.
Hubo silencio.
—Te veo en 1 hora.
Ernesto mandó a Mateo con su madre y le pidió que dijera que le dolía el estómago. Luego fue al estudio, abrió cajones, tomó una carpeta
cualquiera y caminó hacia el vestíbulo como si nada.
Renata lo esperaba frente al espejo, acomodándose un arete.
—¿La encontraste?
—Sí.
Ella sonrió, se acercó y le acomodó la corbata.
—Te amo. Maneja con cuidado.
Ernesto sintió que esas palabras le raspaban la piel.
Salió. El falso chofer se enderezó al verlo. Ernesto caminó mirando su celular, como siempre. Pasó junto a la puerta abierta del coche y, sin
detenerse, siguió hacia la pequeña salida peatonal.
—Señor Zambrano —dijo el hombre, confundido.
Ernesto levantó el teléfono al oído y habló fuerte:
—Sí, ya voy a la esquina. El acceso está bloqueado.
Cruzó la reja. A 30 metros lo esperaba Julián en un auto gris. Ernesto subió al asiento delantero.
—Arranca. No vayas a la oficina.
Se encontraron con Salvador en una cafetería discreta de Polanco. El abogado llegó con una carpeta gruesa y el rostro endurecido.
—La póliza original era de 5 millones de pesos. Hace 14 meses subió a 70 millones con doble pago por muerte accidental. Renata aparece
como única beneficiaria. Aquí está tu firma.
Ernesto miró el papel. La firma parecía suya, pero él no recordaba haber firmado nada.
—Ese día yo estaba en Guadalajara.
—Exacto. El notario cerró su oficina hace 4 meses y desapareció de la Ciudad de México. Además, ya investigué al hombre de la terraza. Se
hace llamar Darío Beltrán, pero antes usó otro nombre en Monterrey y otro en Mérida.
Salvador deslizó 3 fotografías sobre la mesa.
—Su primera esposa murió en un incendio. La segunda cayó de un mirador. En ambos casos cobró seguros. Nunca lo condenaron.
Ernesto sintió que el piso se abría.
—Entonces Renata no solo me traicionó. Se metió con un asesino.
—Y quizás todavía no sabe con quién está tratando.
El celular de Ernesto vibró. Era Renata.
—¿Dónde estás? El chofer me dijo que te fuiste con otro hombre. Estoy preocupadísima.
Ernesto respondió con voz tranquila:
—Detecté algo raro en el servicio. Salvador cree que pudo ser un intento de robo. Voy a volver en la tarde.
Del otro lado hubo un silencio mínimo. Luego ella dijo:
—Claro, amor. Vuelve pronto. Aquí te espero.
Salvador esperó a que colgara.
—Todavía cree que solo sospechas del chofer.
—Entonces vamos a darle otra oportunidad —dijo Ernesto—. Que Darío piense que puede corregir el plan.
—Eso es peligroso.
—Más peligroso sería dejarlo libre.
Esa noche Ernesto regresó a su casa, abrazó a Renata, cenó con ella y fingió no notar cómo le temblaba la mano al servirle vino.
Dos días después, durante la cena, soltó la carnada:
—El viernes debo ir a Querétaro. La reunión se reprogramó.
Renata bajó la mirada a su plato.
—¿Y quién te llevará?
—Julián. Ya revisamos todo.
Ella sonrió apenas.
—Qué bueno, amor. Así estarás seguro.
Pero esa sonrisa no llegó a sus ojos.
Y el viernes por la mañana, cuando Ernesto subió al coche rumbo a la carretera, no sabía si iba hacia la justicia… o hacia la última trampa de
su esposa.