A John Wayne le dijeron que la cosecha destruida de un agricultor “no era su problema”, y entonces el Duque intervino.

 

En el verano de 1969, una pequeña comunidad agrícola de Colorado se convirtió en el escenario insólito de una historia que reveló algo sobre John Wayne que mucha gente nunca vio en la pantalla.

Para millones de cinéfilos, Wayne era el símbolo de la dureza.

Era el vaquero que se adentraba en el peligro sin miedo.

El héroe que se mantuvo firme cuando todos los demás retrocedieron.

Pero lejos de las cámaras, detrás de la famosa voz y la imagen imponente, existía otra faceta de John Wayne, una que no aparecía en los guiones de las películas, sino en momentos en que la gente común necesitaba que alguien hiciera lo correcto.

Y uno de esos momentos comenzó con un campo de maíz dañado.

Un joven agricultor.

Una familia con dificultades económicas.

Y una producción de Hollywood que, sin querer, destruyó lo único que les separaba de un invierno difícil.

John Wayne descubrió que su equipo había destruido la propiedad de un joven granjero…

Una producción de Hollywood llega a Montrose.
En 1969, la pequeña ciudad de Montrose, Colorado, vivió un acontecimiento inusual.

Hollywood había llegado.

La producción de True Grit había transformado parte de la zona en un plató de cine improvisado. Camiones se alineaban en las carreteras. Equipos ocupaban los campos. Equipos de filmación se desplazaban entre diferentes locaciones. Actores, asistentes y trabajadores de producción se convirtieron en una imagen habitual en la ciudad.

Para muchos residentes, fue emocionante.

En su comunidad se estaba rodando una importante película.

John Wayne, una de las mayores estrellas de cine de Estados Unidos, estaba allí.

De repente, la ciudad se había conectado con el mundo de Hollywood.

Pero para un agricultor local, la emoción era secundaria.

Su nombre era Garrett.

A sus 28 años, no le interesaban ni las estrellas de cine ni las cámaras.

Él estaba concentrado en su tierra.

Su familia.

Y la cosecha que representaba su futuro.

Garrett era propietario de una modesta granja de 20 acres en las afueras de Montrose.

No se trataba de una operación adinerada.

Era simplemente una granja familiar.

Había una casita.

Un niño.

Y un campo de maíz que estaba a solo unas semanas de la cosecha.

Ese maíz no era solo un cultivo.

Lo fue todo.

Un campo que albergaba el futuro de una familia.
Para Garrett, el campo de maíz representaba meses de trabajo.

La cosecha ayudaría a pagar la hipoteca.

Proporcionaría dinero para los suministros de invierno.

Eso ayudaría a alimentar a los animales y a mantener a su esposa, Nora, y a su hijo pequeño.

Cada hilera de maíz representaba un esfuerzo.

Cada planta representaba la esperanza.

El campo estaba protegido por una sencilla valla hecha de postes de madera y alambre.

No era una barrera perfecta.

No fue diseñado para detener una fuerza decidida.

Pero cumplió su propósito.

Les decía algo importante a las personas:

Esta tierra pertenece a alguien.

En una comunidad pequeña como Montrose, ese entendimiento era importante.

Los vecinos respetaban la propiedad ajena.

La gente sabía adónde pertenecía.

Pero el equipo de Hollywood que trabajaba cerca no comprendía del todo el terreno que les rodeaba.

Y un solo error le costaría muy caro a Garrett.

La noche en que escaparon los caballos
Durante el rodaje de True Grit , la producción dependió en gran medida de los caballos.

La película requería un gran número de animales para las escenas de monta y la acción de fondo.

Normalmente, los caballos eran manejados por cuidadores experimentados.

Pero durante la producción, el encargado principal sufrió una lesión y no estuvo disponible temporalmente.

La responsabilidad recayó en los miembros de la tripulación con menos experiencia.

Hicieron todo lo posible.

Pero subestimaron un hecho importante:

 

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