—Solo quiero consultar mi saldo —dijo la anciana de 90 años. El millonario se rió… hasta que vio esto. —Solo quiero consultar mi saldo —dijo la anciana negra de 90 años. Su voz tembló al resonar en el reluciente vestíbulo de mármol del First National Bank.

—No cree que yo parezca el tipo de persona a la que este banco debería servir —dijo ella.

Gerald se giró lentamente hacia Charles.

—A mi oficina. Ahora mismo.

Charles se marchó como un niño regañado.

Abajo, Janet regresó con una tableta. —Señora Margaret, ¿desea consultar su cuenta en privado?

—No —dijo Margaret en voz baja—. De nada. La transparencia es importante.

Janet leyó las cifras en voz alta.

Ochocientos cuarenta y siete mil dólares.

Luego, más cuentas.

Millones.

Un total de casi diecinueve millones.

Una onda expansiva recorrió la sala.

Cuando Charles regresó, pálido y tembloroso, Gerald le ordenó que se disculpara.

Magdalena se puso de pie.