Parte 1: La boda que se detuvo
La noche que debía ser la más feliz de su vida, Sebastián se quedó inmóvil mientras veía a su esposa, Lucía, siendo llevada frente a todos.
La música se detuvo. Las conversaciones murieron en el aire.
Lucía no gritó ni lloró. Solo lo miró y preguntó en voz baja:
—¿Tú también crees que soy culpable?
Sebastián no respondió.
Su padre, Don Ernesto, dio un paso al frente y pidió a los oficiales que hicieran su trabajo. Los invitados comenzaron a murmurar, y las miradas se llenaron de duda.
Pero Sebastián sabía algo que los demás no:
Aquello no era improvisado.
Era un plan.
Y decidió guardar silencio… por ahora.