Parte 2 Isabella se detuvo en la entrada de la cocina....

Con el paso de los meses, Elena comenzó a estudiar. Aprendía rápido. Más rápido de lo que cualquiera esperaba. Isabella la seguía a todas partes, ayudándola en la cocina, aprendiendo palabras nuevas, riendo.

Pero no todo era fácil.

Los medios comenzaron a hablar. Las fotografías de Elena entrando y saliendo de la mansión aparecieron en revistas y periódicos. Los titulares eran crueles, llenos de prejuicios.

Decían que el hombre más rico de México había perdido la razón. Que estaba obsesionado con una sirvienta. Que su reputación estaba en peligro.

Los socios de Alejandro comenzaron a presionarlo.

“Esto no es bueno para la empresa”, le dijeron. “Debes mantener distancia.”

Pero Alejandro ya no era el mismo hombre que había sido meses atrás.

Había visto a su hija al borde de la muerte. Había visto cómo una persona, sin riqueza ni poder, la había salvado con algo tan simple como amor y comida hecha con el corazón.

Una noche, Isabella entró en la oficina de su padre.

“Papá”, dijo, abrazándolo. “¿Elena se va a ir?”

Alejandro sintió un nudo en la garganta.

“¿Por qué preguntas eso?”

“Escuché a las señoras decir que no debería estar aquí. Pero yo la necesito. Es mi familia.”

Esa palabra lo cambió todo.

Familia.

Al día siguiente, Alejandro tomó una decisión.

Durante la cena anual de su empresa, frente a empresarios, políticos y medios de comunicación, tomó el micrófono.

“Quiero presentarles a la persona más importante en mi vida después de mi hija”, dijo.

Elena estaba entre el público, confundida.

“La mujer que salvó la vida de Isabella.”

El salón quedó en silencio.

Alejandro caminó hacia ella.

“Y la mujer de la que me he enamorado.”

El murmullo creció.

Él se arrodilló.

“¿Quieres casarte conmigo?”

Elena sintió que el mundo se detenía. Miró a Isabella, que sonreía con emoción.

Las lágrimas llenaron sus ojos.

“Sí”, respondió.

 Para obtener más información,continúa en la página siguiente