Si Lucía demostraba abandono o maltrato hacia su madre, perdería automáticamente cualquier derecho futuro sobre la propiedad y sobre varias inversiones familiares.
Manuel había dejado instrucciones muy claras.
“Nuestra hija recibirá todo únicamente si cuida de ti con amor y respeto.”
Elena sintió un escalofrío.
Nunca le había dado importancia a ese documento.
Siempre creyó que jamás tendría que utilizarlo.
La segunda carpeta
Continuó revisando.
Entonces apareció otra sorpresa.
Durante quince años, Elena había seguido pagando el seguro médico familiar.
También el seguro del automóvil de Lucía.
Además, una cuenta bancaria conjunta seguía cubriendo automáticamente:
La escuela privada de los nietos.
Parte de la hipoteca de la casa de Lucía.
Dos tarjetas de crédito adicionales.
Lucía nunca había pagado esos gastos.
Simplemente asumía que el dinero seguía llegando.
Porque Elena jamás dijo nada.
La llamada inesperada
A la mañana siguiente sonó el teléfono.
Era el contador de la familia.
—Señora Elena.
Hace tiempo quería hablar con usted.
—¿Ocurrió algo?
—Revisando las cuentas noté que usted continúa financiando casi el cuarenta por ciento del patrimonio de su hija.
Elena quedó inmóvil.
—¿Cómo dice?
El contador respiró profundamente.
—Ella probablemente ni siquiera sabe de dónde proviene gran parte del dinero.
Las transferencias salen automáticamente desde sus inversiones.
Usted autorizó esos pagos hace más de diez años.
Elena cerró los ojos.
PARTE 3