La parte más importante vino después.
Cuando entendí que a veces la frase que parece destruirlo todo…
Es exactamente la que te devuelve la vida.
Esa noche vendimos menos que la transmisión que me costó el empleo.
Mucho menos.
Pero cuando cerramos, todos los pedidos eran reales.
Todas las promesas eran cumplibles.
Y todas las personas de mi equipo se fueron a casa a una hora decente.
Ava se acercó corriendo y me abrazó por la cintura.
—Mamá, ¿ganaste?
Miré el estudio.
Miré mi nombre en la pared.
Miré a mi equipo apagando luces sin miedo.
Y por primera vez en años, supe responder sin pensar en números.
—Sí, mi amor.
Le besé la frente.
—Esta vez gané de verdad.