La mantenía viviendo gratis en mi casa, le pagaba la despensa y le lavaba la ropa, hasta que vi su video:-lbsuong

PARTE 2

El miércoles por la mañana, Andrés bajó a la cocina con una camisa azul arrugada en la mano y cara de niño perdido.

—Mamá, ¿no lavaste? Tengo junta a las doce.

Elena estaba leyendo el periódico junto a la ventana, con una taza de té de canela.

—Tu canasta sigue arriba, Andrés. La lavadora está en el patio de servicio.

Él parpadeó, confundido.

—Pero tú siempre lavas los miércoles.

—Yo lavo mi ropa los miércoles —corrigió ella—. La de ustedes pueden lavarla tú o Marisol.

—Marisol tiene pilates.

Elena dobló el periódico con calma.

—Entonces que lave después de pilates.

Andrés suspiró fuerte, como si le hubieran pedido construir una carretera, y se fue murmurando.

Horas después, Marisol bajó furiosa, con el cabello recogido y los tenis caros.

—¿Ahora también tenemos que lavar? ¿Qué sigue? ¿Cobrar por respirar?

Elena no levantó la voz.

—No. Solo dejar de trabajar gratis para quienes me llaman sirvienta.

Marisol apretó los labios y salió azotando la puerta.

Esa tarde, Elena caminó por su casa con ojos nuevos. En la sala había revistas de moda de Marisol sobre la mesa de centro. En el recibidor, tenis de Andrés. En el sillón, una chamarra de piel que nadie había colgado. En la cocina, vasos usados, bolsas vacías, migajas.

Habían invadido cada rincón mientras ella se hacía a un lado.