La llamaron “ratera” por llevarse 2 latas de leche. El millonario que la siguió descubrió el asqueroso secreto que su familia escondía.-lbsuong

PARTE 2

La luz amarillenta del foco parpadeó. El tipo dio 1 paso hacia adentro, cerrando la puerta a sus espaldas. Olía a alcohol, a calle mojada y a pura rabia acumulada.

—¿Qué chingados haces en mi casa, güey? —escupió el hombre, clavando la mirada en Alejandro—. Y tú, escuincla pendeja, te dije que no trajeras a nadie.

Lucía soltó 1 grito ahogado y corrió a tapar la caja de cartón donde lloraban sus 2 hermanitos. Le tenía más terror a ese hombre que a la misma muerte.

Alejandro no retrocedió ni 1 milímetro. A sus 45 años, había lidiado con extorsionadores y tiburones corporativos mucho más peligrosos que 1 padrastrillo de quinta.

—Viene 1 ambulancia en camino —respondió con 1 frialdad que congeló el cuarto—. Si das 1 paso más, te juro que será el último que des.

El tipo, que resultó llamarse Ramiro, soltó 1 carcajada seca y metió la mano al bolsillo del pantalón.

—Es mi vieja y son mis chamacos. Aquí nadie se mete. Si la vieja se muere, es por terca.

Alejandro bajó la mirada hacia la sábana manchada. Entendió todo de golpe.

Esa mujer no solo tenía 1 hemorragia por 1 parto mal atendido. Tenía moretones en los brazos y en el cuello. La habían masacrado a golpes sistemáticamente.

—Ella no se va a morir hoy —sentenció el empresario, con 1 voz cortante y letal.

En ese instante, el sonido estridente de la sirena inundó el callejón. Los paramédicos entraron empujando la puerta de golpe, acompañados de 2 escoltas de Alejandro.

Ramiro intentó bloquearles el paso, pero la presencia del personal médico y la postura intimidante de los guardias lo hicieron dudar. Cobarde al fin y al cabo.

—¡Sáquenla de aquí, rápido! —ordenó Alejandro sin titubear.

La paramédica revisó a la mujer y palideció de inmediato.

—Está en shock hipovolémico y séptico. 2 horas más y no la contaba. ¿Por qué demonios nadie la llevó a urgencias?

Alejandro miró a Ramiro con 1 asco profundo y visceral.

—Yo me llevo a los 2 niños —le dijo Alejandro a Lucía, sacando 1 tarjeta negra para cubrir todos los gastos en la mejor clínica—. Tú te vas con tu mamá en la ambulancia. Te doy mi palabra de que nadie las va a separar.

Lucía lo miró con esos ojotes llenos de lágrimas. En su corta vida, nadie le había cumplido 1 sola promesa, pero la desesperación la hizo asentir.

En el hospital privado más caro de la capital, el dinero hizo su magia. Quirófano listo, incubadoras de primera, donadores de sangre y los mejores cirujanos trabajando de madrugada.

Mariana entró directo a cirugía de emergencia. El pronóstico era reservado.

Alejandro se quedó en la sala de espera con Lucía y los gemelos, que por fin dormían en paz después de tomarse las 2 latas de leche.