La Cámara Oculta Que Rompió 40 Años De Matrimonio En Una Noche-lbsuong

Ella sonreía, avergonzada.

“Ah, sí, mijo, perdón”.

Ese perdón le dolía.

No porque ella lo dijera, sino porque parecía creer que envejecer era una falta.

Graciela, en cambio, empezaba a cansarse con rapidez.

Suspiraba cuando Doña Amparo llamaba.

Rodaba los ojos si la anciana pedía agua después de acostarse.

Golpeaba los trastes un poco más fuerte cuando Ernesto le preguntaba si todo estaba bien.

“Es que tú no la escuchas todo el día”, decía. “Tú te vas y yo me quedo con ella”.

Ernesto no quería ser injusto.

Cuidar a una persona enferma pesa.

Lo sabía.

Por eso intentaba compensar.

Lavaba platos al volver, compraba medicinas, preparaba la cena cuando podía y se sentaba junto a su madre antes de dormir.

Al principio pensó que la tensión era normal.

Luego notó que Doña Amparo ya no quería comer si Graciela estaba cerca.