“¡Es el regalo de mi papá, no lo tires!”, lloró mi hija aferrada a esa asquerosa muñeca de trapo.-lbsuong

PARTE 2

Del otro lado de la puerta estaba Mateo, el mejor amigo de Alejandro. Tenía la ropa rota, la cara golpeada y miraba hacia todos lados con paranoia.

Abrí apenas unos centímetros, agarrando un cuchillo de cocina con mi mano libre.

—Elena, por lo que más quieras, déjame entrar. Nos están siguiendo —suplicó, sin aliento.

Lo dejé pasar y le eché doble llave a la puerta. Mateo se desplomó en el sillón y me confirmó mi peor pesadilla: Alejandro llevaba semanas desaparecido de su propia empresa. Cuando Mateo intentó visitarlo en su mansión en Polanco, Camila siempre inventaba excusas. Hasta que ayer, Mateo se coló por la puerta de servicio y lo vio.

—Elena, lo tienen en una silla de ruedas, babeando, drogado hasta la médula —Mateo se agarró la cabeza, llorando—. Camila no es quien dice ser. Descubrí que la muerte de los padres de Alejandro hace unos meses en ese “”accidente”” de carretera… no fue un accidente. Ella los mandó matar para que Alejandro heredara todo.

Le mostré la nota y el USB. Mateo palideció.

—Tenemos que contactar a Don Arturo, el viejo abogado de la familia. Es el único en el que podemos confiar.

Pero antes de que pudiéramos hacer un plan, mi celular vibró. Era un número desconocido.

Contesté y puse el altavoz.

—Hola, Elena —la voz de Camila era dulce, venenosa y aterradoramente calmada—. Supongo que ya encontraste el regalito de tu ex.

El corazón se me detuvo.

—¿Qué quieres? —exigí, sintiendo que me faltaba el aire.

—Quiero mi USB. Y quiero que dejes de jugar al detective. Por cierto, deberías tener más cuidado con a quién le dejas a tu hija en el kínder. Es tan fácil que una “”tía”” pase a recogerla…