Parte 3
Primero, verificaron el acta de nacimiento. Mauricio no era hijo biológico de Anselmo y Elvira. Era hijo de Mateo. Luego revisaron registros notariales y antiguos extractos bancarios. La libreta negra contenía fechas, cantidades y nombres. Los documentos revelaron la existencia de un joyero de Puebla, Don Hilario Méndez, que aún vivía. Don Hilario recordaba a Anselmo.
«Este hombre era nervioso», dijo. «Vendía monedas de oro poco a poco. Decía que eran reliquias familiares, pero nunca mostró ningún documento». Con ese dinero, Anselmo compró una casa, dos propiedades comerciales y un terreno, que luego cedió a Jimena. Mientras tanto, Mauricio creció escuchando que era un desperdicio de dinero. La abogada Alejandra necesitaba una confesión directa.
Mauricio accedió a irse a casa con una grabadora escondida en el bolsillo de su camisa. Renata no quería ir. No por miedo. Porque ya había escapado de ese infierno y no iba a sentarse frente a Anselmo otra vez, como si necesitara permiso para existir.
Esa noche, Mauricio puso las cartas sobre la mesa familiar. Elvira palideció. Anselmo intentó secuestrarla. "¿Dónde encontraste esto?" "En mi casa", respondió Mauricio.
"En la casa que Renata y yo pagamos. Quiero saber por qué nunca me dijiste que Mateo era mi padre". Los ojos de Jimena se abrieron de par en par. "¿De qué estás hablando?" Anselmo golpeó la mesa con el puño. "Mateo era irresponsable. Él te abandonó, y nosotros te criamos.
" "También me dejó 500 centenarios." El silencio era ensordecedor. Elvira comenzó a llorar. "No lo entiendes, hijo. Criar a un niño cuesta dinero. Comida, escuela, médicos..." "¿Y las tiendas? ¿Y la tierra de Jimena? ¿También eran mi comida?" Anselmo perdió la compostura. "¡Ese oro fue nuestra recompensa! Si no fuera por nosotros, no serías nada. Tu padre nos dejó un problema, y lo convertimos en algo útil." Mauricio no gritó. Por primera vez en su vida, no bajó la mirada.
"Mi padre te confió mi futuro. "Lo convertiste en tu fortuna." Salió de la casa mientras Elvira le gritaba, "¡ingrato!" y Jimena lloraba, diciendo que no sabía nada. En la esquina, Mauricio sacó una grabadora y llamó a su abogado. La confesión era completa. El caso explotó. No primero en las redes sociales, sino en los tribunales. El abogado de Alejandro exigió que se congelaran las cuentas y se bloqueara la venta de la propiedad. Anselmo intentó vender el terreno de Jimena en 48 horas, pero el juez detuvo la transacción. Elvira fue a buscar a Renata afuera de la clínica. Ya no llevaba maquillaje ni ropa elegante. Tenía los ojos hinchados y la voz cargada de veneno. "Destruiste a nuestra familia.