PARTE 2
Julián retrocedió como si alguien le hubiera apuntado con un arma.
—Eso es una locura —dijo—. Está inventando todo.
Regina no alzó la voz. No necesitaba hacerlo.
Uno de sus abogados colocó una carpeta gruesa sobre la mesa del juez. El golpe seco retumbó en la sala.
—Hace 28 años —explicó el abogado—, la hija recién nacida de la señora Regina Armenta desapareció del Hospital Santa Elena, en la Ciudad de México. A la familia se le entregó un acta falsa de defunción. Durante años se investigó tráfico de menores, falsificación de documentos y corrupción dentro del registro civil.
Valeria sintió que las piernas le fallaban.
—No… —murmuró.
Regina la sostuvo por el brazo.
—Nunca dejé de buscarte.
El abogado abrió otra sección de la carpeta.
—Hace 3 años, la empresa Duarte Logistics contrató una investigación privada sobre posibles herederos ocultos vinculados a la familia Armenta, buscando ventajas en una negociación corporativa. En esa búsqueda apareció una coincidencia genética: Valeria Ruiz.
Julián apretó los dientes.
—Eso no prueba nada.
—Prueba demasiado —respondió el abogado—. Porque 2 semanas después de recibir ese informe, usted empezó a visitar la librería donde trabajaba Valeria.
Valeria sintió náuseas.
Recordó la primera vez que Julián entró. Recordó las flores. Recordó cómo le preguntó por su infancia, por sus miedos, por su soledad. Recordó haber pensado que era destino.
No era destino.
Era cacería.
Regina miró a Julián con una calma aterradora.
—Te casaste con mi hija porque sabías que al cumplirse ciertas condiciones legales, ella tendría acceso a un fideicomiso familiar.
El juez Medina carraspeó.
—Este no es el espacio para discutir asuntos patrimoniales externos al divorcio.
Regina giró hacia él.
—No se preocupe, juez. También tenemos una carpeta para usted.
El silencio se volvió insoportable.
Otro abogado sacó copias de transferencias bancarias. Las puso frente al juez.
—250,000 dólares transferidos desde una cuenta en Panamá vinculada al señor Duarte a una empresa fantasma propiedad de su cuñado. La transferencia ocurrió 5 días antes de esta audiencia.
El rostro del juez se puso gris.
Valeria miró a Julián. Él ya no sonreía.
—¿Pagaste para dejarme sin nada? —preguntó ella.
Julián intentó acercarse.
—Valeria, escúchame. Todo esto es una manipulación. Esa mujer no apareció por amor. Apareció por dinero. Yo sí estuve contigo.
—Estuviste conmigo porque me querías vaciar —dijo ella.
El bebé se movió de nuevo. Valeria gimió y se llevó una mano al vientre.
Regina la abrazó de inmediato.
—Siéntate, hija.
La palabra “hija” le rompió algo por dentro.
Toda su vida había pensado que nadie la quiso. Que nadie la buscó. Que su existencia fue un estorbo abandonado en oficinas públicas y casas ajenas.
Pero frente a ella había una mujer que llevaba casi 3 décadas buscándola.
Julián, desesperado, cambió de tono.
—Valeria, piensa en nuestro hijo. Soy su padre. No puedes dejar que esta gente destruya nuestra familia.
Regina soltó una risa fría.
—¿Familia? Tú la dejaste sin techo estando embarazada.
Julián señaló a Valeria.
—¡Ella firmó! ¡Todo fue legal!
En ese momento, uno de los guardias de Regina recibió una llamada. Se acercó y le dijo algo al oído.
Regina levantó la mirada.
—Déjenlos entrar.
Las puertas volvieron a abrirse.
Esta vez entraron agentes de la Fiscalía y 2 elementos federales.
El juez se puso de pie.
—¡Esto es una falta de respeto a mi tribunal!
Uno de los agentes mostró una orden.
—Arturo Medina, queda detenido por cohecho, abuso de autoridad y asociación delictuosa.
La sala explotó en murmullos.
Julián intentó correr hacia la salida lateral, pero 2 agentes le cerraron el paso.
Valeria quiso hablar, pero una contracción brutal la dobló en 2.
Un líquido tibio cayó por sus piernas.
Regina gritó:
—¡Llamen a una ambulancia!
Julián, esposado a medias, volteó hacia ella con terror.
Y justo antes de que se lo llevaran, Valeria escuchó que él gritaba:
—¡Ese bebé también me pertenece!